O Diário da Princesa 3 (2025)

Han pasado más de dos décadas desde que Mia Thermopolis conquistó el corazón de millones de espectadores con su torpe encanto y su inolvidable transformación en la primera entrega de El diario de la princesa. En esta tercera parte, titulada O Diário da Princesa 3 (2025), el regreso de Anne Hathaway al papel que marcó el inicio de su carrera cinematográfica es, sin lugar a dudas, un acontecimiento cargado de nostalgia y emoción. Esta vez, la historia nos sitúa en un momento crucial para la reina Mia: tras varios años de liderazgo estable en Genovia, se enfrenta a una encrucijada personal y política que pondrá a prueba todo lo que ha aprendido sobre realeza, amor y responsabilidad. El filme consigue equilibrar una narrativa contemporánea con la calidez de los recuerdos, creando una experiencia tan mágica como reflexiva.

La dirección se inclina hacia un tono más maduro, pero sin perder la ligereza y la comedia romántica que caracterizan a la saga. El guion retoma la frescura de los diarios personales de Mia, ahora convertidos en reflexiones más profundas sobre lo que significa vivir bajo el escrutinio constante de un reino moderno y una prensa despiadada. La cinta se atreve a explorar la tensión entre tradición y cambio, mostrando cómo Mia, aunque sigue siendo la misma mujer soñadora y ligeramente torpe, se ha convertido en un símbolo de resiliencia y evolución. No faltan los momentos cómicos: desde situaciones protocolares que salen mal hasta discusiones absurdas con su inseparable Lilly, interpretada por Heather Matarazzo, cuya química con Hathaway sigue intacta y aporta un respiro humorístico fundamental.

Uno de los puntos más sorprendentes de esta secuela es la manera en que introduce nuevos personajes sin desplazar a los clásicos. Julie Andrews, aunque con una participación breve debido a su edad, irradia elegancia y sabiduría como la gran reina Clarisse, recordándonos que el peso de la monarquía no solo recae en coronas y cetros, sino en la capacidad de inspirar con dignidad. Además, se incorporan figuras juveniles —como la sobrina de Mia, una princesa en formación— que representan la próxima generación de Genovia y, al mismo tiempo, reflejan la necesidad de renovar la narrativa de un cuento de hadas que debe adaptarse a un mundo en constante cambio. Este relevo generacional es uno de los temas más interesantes del filme, pues plantea la pregunta de si las princesas modernas aún sueñan con castillos o con libertad personal.

A nivel estético, O Diário da Princesa 3 es un festín visual. Los palacios de Genovia se muestran con un esplendor renovado gracias a una fotografía luminosa que combina tradición europea con toques modernos. El vestuario merece mención aparte: cada aparición de Mia es una mezcla de realeza sofisticada y frescura contemporánea, reflejando su carácter dual entre monarca y mujer que busca autenticidad. La banda sonora, con reminiscencias de las melodías clásicas de las primeras entregas pero enriquecida con toques modernos de pop y baladas, amplifica la sensación de estar viviendo un cuento de hadas actualizado. No es exagerado decir que cada escena parece diseñada para avivar la nostalgia, al mismo tiempo que abre un camino nuevo para la franquicia.

Finalmente, el corazón de la película radica en su mensaje: los cuentos de hadas no terminan en “y vivieron felices para siempre”, sino que evolucionan con el tiempo, enfrentando desafíos tan reales como los que vive cualquier persona fuera de los palacios. O Diário da Princesa 3 es una historia de crecimiento, de aceptar las imperfecciones de la vida adulta y de descubrir que ser reina no significa reprimir los miedos ni ocultar las inseguridades, sino aprender a gobernar con ellas. Con un equilibrio perfecto entre humor, romance y reflexión, esta secuela se convierte en un homenaje a la memoria colectiva de una generación que creció con Mia Thermopolis, al mismo tiempo que ofrece a las nuevas audiencias una historia fresca y emocionante. En definitiva, un regreso triunfal que deja al espectador con una sonrisa y, quizás, con la esperanza de que la magia de Genovia nunca se apague.