[1] Colombiana 2 (2025)
Zoe regresa como Cataleya con una ferocidad más calculada que impulsiva. La secuela amplía el mapa —de callejones sudamericanos a puertos mediterráneos— y entiende que su mayor activo es la protagonista: un fantasma que deja huellas emocionales. Las set pieces son claras y tensas, con cámaras que respiran y no marean. La trama de venganza se cruza con una conspiración de tráfico y poder que le da espesor al viaje. Menos pirotecnia gratuita, más precisión: un thriller de acción sobrio que mata con elegancia.
[2] Alita: Ángel de Combate 2 (2025)
Visualmente apabullante, la película sube la apuesta emocional: Alita busca respuestas en Zalem y, de paso, su propio lugar en el mundo. La captura de movimiento es impecable y permite que la humanidad del personaje trascienda el CGI. Las secuencias de combate son dinámicas, con una geografía legible que combina vértigo y claridad. La historia cierra arcos abiertos y abre otros con inteligencia. Ciencia ficción con corazón, hecha a escala épica.
[3] Bailarina (Historia de John Wick)
El spin-off honra el “gun-fu” de la saga pero encuentra voz propia en la elegancia coreográfica del ballet. Ana de Armas compone una asesina que baila entre la venganza y la vulnerabilidad, mientras el mundo clandestino se expande sin saturar el lore. La puesta en escena es estilizada, con neón, lluvia y metrónomos marcando la cadencia de los tiroteos. Cameos bien dosificados, ritmo sostenido y clímax que golpea donde duele. Un derivado con identidad, no un simple eco.
[4] Hércules 2
Más allá de la fuerza bruta, esta secuela se toma en serio la idea de “ser digno”. Hércules enfrenta mitos que ahora son dilemas morales, y el guion encuentra humanidad entre monstruos y deidades. El diseño de producción brilla en templos, selvas y arenas, evitando el plástico digital. La acción es contundente y comprensible, con criaturas memorables y un tercer acto genuinamente heroico. Aventuras clásicas con un pulso moderno.
[5] La Monja 3 (2025)
Valak vuelve con mejor control del espacio y del silencio. La película entiende que el miedo crece en los pasillos largos y en los murmullos del coro; los jumpscares existen, pero la atmósfera manda. La mitología del Conjuring-verse se hilvana sin abrumar, y la fotografía fría convierte abadías y criptas en personajes. No reinventa el género, pero sí logra un terror eficaz y elegantemente macabro. Sales del cine mirando de reojo cada vitral.
[6] Boyka: Indiscutible 5
Scott Adkins mantiene el trono del combate a contacto pleno. La saga recupera el espíritu de redención: Boyka pelea contra rivales y contra sí mismo, con ética y orgullo como motores. La dirección opta por planos abiertos, combos largos y edición limpia; cada golpe duele, cada caída pesa. La trama es sencilla y funcional, pero el carisma del protagonista eleva el conjunto. Cine marcial puro, sin excusas.