El Conjuro 4: Los Últimos Ritos (2025) llega como el capítulo más oscuro y ambicioso de la saga creada por James Wan, llevando a Ed y Lorraine Warren a enfrentarse a un mal que trasciende todo lo que han conocido. Ambientada en 1978, la historia se abre con una secuencia inquietante: un exorcismo en la remota campiña francesa que, en lugar de expulsar al demonio, desata una profecía apocalíptica. Desde ese instante, la tensión no da respiro. La atmósfera está impregnada de un terror gótico, con locaciones reales y una dirección de arte impecable que envuelve al espectador en un viaje de fe, miedo y sacrificio.
En esta entrega, Patrick Wilson y Vera Farmiga ofrecen interpretaciones más intensas y vulnerables que nunca. Ed Warren se enfrenta no solo a fuerzas demoníacas, sino también a su propia fragilidad física, mientras que Lorraine lucha con visiones cada vez más perturbadoras que amenazan con quebrar su cordura. La química entre ambos sigue siendo el corazón de la película, pero aquí se mezcla con un sentido de urgencia: el tiempo se agota, y cada pista los lleva a un ritual prohibido que podría sellar el destino de la humanidad. Las escenas de suspenso están coreografiadas con precisión quirúrgica, alternando silencios opresivos con estallidos de horror puro.
La dirección de Michael Chaves demuestra una evolución notable, utilizando planos largos y movimientos de cámara hipnóticos que intensifican el miedo. La fotografía juega con sombras profundas, destellos de luz de velas y contrastes cálidos que recuerdan al cine de terror clásico, pero con un ritmo moderno que no permite que el espectador baje la guardia. Las secuencias en una abadía en ruinas y catacumbas infestadas de símbolos arcanos son visualmente sobrecogedoras, combinando lo macabro con lo bello. Además, el diseño sonoro es magistral: crujidos, susurros en latín y un latido grave que acompaña las escenas más tensas.
Uno de los mayores aciertos de Los Últimos Ritos es cómo expande el universo de El Conjuro sin perder su esencia. Aquí, la historia introduce un nuevo antagonista: una figura encapuchada conocida como “El Portador de Sellos”, cuya presencia es tan escalofriante como enigmática. Más que un simple demonio, se trata de un ser ligado a antiguas órdenes religiosas que buscaban manipular el más allá. Esta mitología le da a la película una profundidad inesperada, explorando temas de fe, culpa y el precio del sacrificio. Los giros argumentales, especialmente en el tercer acto, elevan la tensión a un clímax en el que lo sobrenatural y lo humano se entrelazan de forma brutal.
En conclusión, El Conjuro 4: Los Últimos Ritos no solo es una digna sucesora, sino que probablemente sea la entrega más impactante de la saga. Con un guion que mezcla terror puro con un drama emocional poderoso, interpretaciones memorables y una puesta en escena impecable, la película logra algo que pocas franquicias de horror alcanzan: mantener vivo el miedo y, al mismo tiempo, renovar el interés del público. Es una experiencia que atrapa desde la primera imagen y que deja una inquietante sensación de que, quizá, los últimos ritos aún no han sido pronunciados.